jueves, abril 17, 2008

Enrique Barón, sobre la ratificación del Tratado Europeo

En Gran Bretaña, el Gobierno de Brown ha ganado el primer asalto en la Cámara de los Comunes, con la oposición frontal del Partido Conservador -miembro del Grupo PPE-, apoyado por el bombardeo sistemático de la prensa eurofóbica (en manos del australiano Rupert Murdoch y del canadiense Conrad Black, en la cárcel);

Enrique Barón, otro que descubre ahora la manipulación de la prensa.

En Polonia se ha triunfado sobre la feroz resistencia de los gemelos Kaczynski, pero queda la República Checa, que presidirá el Consejo el decisivo primer semestre de 2009 y donde está en el aire un recurso ante el Tribunal Constitucional que permitiría al eurofóbico presidente Klaus presidir la Unión.

Ferocidad, eurofobia, presidiarios, cómo son los que se oponen a la Santa Europa.

De cara a esta batalla plebiscitaria, se están concentrando en la verde Eire las variopintas tropas del no, apoyadas por la artillería de la prensa en inglés y los fondos de un millonario caprichoso.

Millonarios caprichosos, artillería, varopintas tropas. Un momento... ¿prensa en inglés en la verde Irlanda? Esto es demasiado. cualquier día hay prensa en español en Euskadi.

En el Parlamento Europeo, los extremistas de ambos lados defienden el referéndum como único método democrático con el argumento de que da la palabra al pueblo y lo demás son conspiraciones a sus espaldas. Denuncian la norma constitucional general de ratificación parlamentaria como un cambalache. Evidentemente, no plantean examinar el contenido del Tratado ni piden un referéndum europeo; su objetivo es conseguir un no en un país que lo bloquee.

Extremistas, conspiranoicos. Y no, claro, nadie tiene una concepción distinta de Europa que el Señor Barón. (NOTA: buscar "otra europa" en google)

El caso actual es el de integración por ratificación sucesiva de un Tratado negociado y firmado por todos los socios, con posibles referendos que no son iguales. En España son consultivos; en Italia, derogatorios; en Irlanda, vinculantes, mientras que la Ley Fundamental alemana ni los contempla, allí pesa todavía el resultado del celebrado en 1933. Estamos ante un método comparable a la ruleta rusa.

Esto es lo mejor. Políticos como Enrique Barón han creado una Unión Europea exclusivamente económica. Para que los países se animaran a entrar, crearon unas reglas extremadamente rígidas: las decisiones importantes son por unanimidad y la soberanía es de los estados. De repente ahora deciden que les gustaría cambiar las reglas del juego y se quejan de que es muy difícil. Si esto es una ruleta rusa, es dónde nos han llevado ellos mismos.